Audacias o irreverencias en el arte

Publicado en por gildo gonzalez

130.JPGDada la multiplicidad de interpretaciones que puede tener un mensaje y una imagen, la cuestión se convierte en materia de discusión un tanto bizarra. Lo que para algunos puede significar una audacia para otros se verá como una irreverencia en los terrenos artísticos y culturales. 

 

Preferiría en este caso, remitirme a las intenciones más que a los resultados interpretativos. Cuando un artista decide salir de la zona de confort, donde hasta determinado momento ha transitado con éxito y sin comentarios adversos, y se enfrenta a diferentes connotaciones y peligros.

 

La mejor manera de abordar la audacia es con honestidad, con verdadera pasión y entrega que permita realizar un análisis depurado y encontrar los elementos de peso para valorar determinada acción. Por otra parte se puede caer en un envalentonamiento, una pose sin sustancia que tendrá como fin único la captación de críticas (casi todas negativas) pero que llevarán al producto y a su autor a las primeras páginas de los periódicos por un breve tiempo.

 

No es cosa fácil definir si una pieza o una propuesta estética tiene un claro rasgo de audacia o simplemente se trata de llamar la atención de manera fácil y provocadora, por otra parte, habrá que pensar en la libertad de expresión y la capacidad de aceptación que se requiere para enfrentar los objetos artísticos.

 

En un país como el nuestro (México lindo y querido), poco acostumbrado al contacto directo con el arte, con problemas de diferentes tipos  y una economía siempre preocupante para la gran mayoría; el permitirse una audacia tiene sus consecuencias en ocasiones poco agradables. Todavía se recuerdan momentos en la historia reciente de la plástica mexicana que son dignos de volver a comentar, como aquellas acciones en contra de los mexicanismos y que dio paso a una generación conocida como “Ruptura”, o la premiación de un concurso en donde un enfurecido artista perdedor tomó el cuadro ganador y lo lanzó desde el balcón del edificio donde se realizaba la ceremonia. Y las audacias o irreverencias del joven prodigio hidrocálido que plasmó nuestra bandera en sus lienzos y terminó inscribiendo una participación en un concurso de arte joven que consistía en un pequeño dibujo realizado en la hoja de un cuaderno cuadriculado. O las múltiples versiones de vírgenes guadalupanas o de otras congregaciones que se han pintado para sacudir aquellas mentalidades apegadas a una religión.

 

No es nada nuevo hablar de audacias o de irreverencias en las artes, cuando el peso de la contemporaneidad viene trazando mapas de creación cada vez más demandantes de originalidad y novedad. La creatividad forzada se nota quizá un poco más en las bienales, concursos, y exposiciones colectivas, donde el artista pretende llamar mucho más la atención tanto de jurados como de espectadores para de esta manera sobresalir de los enormes grupos que las conforman.

 

El o los problemas de una obra audaz o irreverente comienza a partir de su inclusión por parte de los organizadores, curadores, museógrafos, comisarios;  que se enfrentan a la necesidad de encontrar un justificante para incluir determinada pieza dentro de la colección a presentar.

 

En ocasiones aún previendo las críticas contradictorias, los curadores se exponen y aceptan la pieza por tratarse de una figura con cierto renombre y trayectoria, en otros casos se tratará de una falta de rigor o ausencia de elementos para configurar el mensaje general de la colección. El resultado puede no variar mucho ante los públicos poco educados en cuestiones estéticas o artísticas. Sin embargo, la difusión que provoque su inclusión salvará de la indiferencia a su autor y es muy probable que sea el punto de atracción de toda la colección.

 

Estos sucesos no son exclusivos de México. En todo el mundo se dan estos espectáculos y reacciones por parte del público. Hace unos meses, el Leopold Museum presentó una exposición titulada “ Nude Man, from 1800 to the present day” que resultó muy exitosa en cuestiones de asistencia, sin embargo, la publicidad de dicha exposición fue censurada por la comunidad austriaca, obligando a los organizadores a cubrir las partes nobles de los personajes que aparecían en el cartel. Si analizamos las estrategias del museo, el hecho de realizar una exposición con este tema significa una apertura temática y una audaz forma de atraer nuevos públicos, al grado de abrir la asistencia a personas sin ropa en determinados días y horas. Pero siempre existirán resistencias sociales, quienes estén en contra de ideas audaces.

 

La línea divisoria entre una audacia y una irreverencia estriba en la cantidad de personas que se consideren afectadas ante determinada obra. Tomando en cuenta que la interpretación artística posee una multiplicidad de acepciones que dependerán de las capacidades que tenga el receptor, su sensibilidad, educación, etc.

 

Por otra parte, es verdaderamente molesto encontrar piezas realizadas con la clara intención de provocar al espectador y generar descontento en la mayor parte de los que entren en contacto con la obra. Creo que es una acción desgastante que tiene que ver con los traumas y condiciones por las que atraviesan los artistas en muchas ocasiones. Las depresiones que provocan la cerrazón institucionalizada, la carencia de oportunidades, las preferencias, manipulaciones, y otras tantas situaciones a las que se enfrentan día a día, a las que se tienen que sumar las débiles posiciones económicas de la mayoría de los creadores y su constante insistencia en pasar a formar parte de las élites que asisten a Bienales internacionales, que ganan premios o son invitados a participar en colecciones en prestigiosos museos y galerías. Las necesidades de llamar la atención pueden provocar fácilmente que se caiga en esta clase de exceso que en ocasiones tiene un buen resultado e incluso puede marcar la diferencia entre una época oscura y otra de éxitos económicos y publicitarios.

 

En un país donde la educación tiene los problemas que a diario observamos en los medios de comunicación y donde los niveles de lectura están por debajo de lo bajo. Donde la economía no está para la producción y el consumo artístico; y donde la cultura sigue siendo considerada como un sub sector, cuya importancia se ubicará después de los segmentos económicos, de salud, alimentación, etc, etc; condiciones que provocan y mantienen latente la aceleración creativa hasta llegar a los extremos para provocar una reacción, aunque esta no sea la que originalmente se desea.

 

Hace algunos días leía una breve nota de un artista local que dentro de toda su formalidad me demostraba que hay muchos más personajes que se encuentran en situación de riesgo y debilidad intelectual. Que ven el panorama tan oscuro y denso que no encuentran otra salida que la irse en contra de todo lo establecido. Como si protestar fuera la única manera positiva de ejercer un derecho que hasta el momento se les ha negado. El camino más fácil es no aceptar las ofertas institucionales, tacharlas de inoperantes, desgastantes, retrógradas, etc; en lugar de proponer y construir con apoyo en esa capacidad de innovación de la que hacen gala.

 

Al final casi podemos asegurar que muchas de las acciones irreverentes tienen un sustento en la insatisfacción, en la necesidad de atraer la atención y en la búsqueda de canales de comunicación que de cualquier manera ponga en relieve las capacidades de un artista.

 

Sea cual sea la intención de la irreverencia o la audacia de un creador, significa un elemento que brinda otro nivel en el planteamiento generalizado del arte, es un escape, una liberación, un elemento que cambia la trayectoria de las generaciones y alimenta las anécdotas que se insertan en la historia.

 

Bienvenidas sean las audacias y tomemos las irreverencias como claras señales de que algo anda cambiando en los terrenos de la estética y el arte, a fin de cuentas tienen una función que de eliminarse estoy seguro que vamos a extrañar.

 

Gildo González

Gonzalez.gildo@gmail.com

 

 

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