Wednesday 21 july 3 21 /07 /Jul 00:58

 

"Una sociedad sin arte es una sociedad sin historia, pero una sociedad sin educación artística es una sociedad sin futuro".

 

Si bien es verdad que aún sigue en la brecha, la educación artística ha terminado por ser hoy una mera sombra de sí misma. Numerosos años de desprecio, olvido y abandono que la han llevado casi a sucumbir, exigen para recuperarla un arduo y decidido esfuerzo por parte de todos aquellos que, de una u otra manera, están con ella comprometidos. Y no sólo para que pueda llegar a ser ella misma, sino también para que ocupe, decididamente, el lugar que está  llamada a desempeñar en el panorama de una educación de futuro.

La ausencia de una política educativa coherente ha terminado por relegar, peligrosamente, las artes y las prácticas de expresión en el  ámbito escolar. Definir el papel de la educación artística en la enseñanza, es precisar el lugar de la dimensión artística en nuestra cultura, ya que una sociedad que se niega sus potencialidades creativas, pierde sus posibilidades de renovación.

Queremos, pues, alertar a todos acerca de una situación ciertamente preocupante y denunciar el estado de carencia en el que se encuentra la educación por medio del arte en la enseñanza obligatoria de nuestro país, como un hecho injusto, pernicioso y claramente inaceptable.

Se impone así, en primer lugar, una serena y rigurosa reflexión, por parte de todos los implicados en el  ámbito escolar, de cara a poder establecer un acertado diagnóstico de la situación, con el que poner en marcha cuantas acciones y recursos terapéuticos sean necesarios.

 



Reflexión que debe, sin duda, trascender el obtuso y ramplón marco de la integración de las horas de educación artística en todos los niveles de enseñanza; o el mero reconocimiento del valor de la educación artística en relación con las otras materias.

Creemos sinceramente, que ahora nuestro interés ha de estar en preocuparnos y "ocuparnos" en articular una enseñanza artística que resulte viable, útil y atractiva para ser puesta al servicio de los ciudadanos. Construyendo para ello una renovada pedagogía, estructurada a partir de la calidad de los saberes y no tanto en la cantidad y acumulación de los mismos. Propiciando el desarrollo de una política educativa y cultural coherente con el presente, que asuma y afirme el lugar de la dimensión artística en nuestro quehacer cotidiano.

Entendemos que expresar, conocer, sentir, mirar, es "educación" de la misma manera que leer, escribir o calcular. La inteligencia, en sentido lato, comienza no con los saberes, sino con las "imágenes". La experiencia artística en tanto que sensorial, liga el mundo exterior a la sensibilidad y así a la inteligencia. En un universo donde la expansión tecnológica tiende peligrosamente a reducir las funciones de ejecución a una práctica no reflexiva, la educación por medio del arte supone una personal toma de conciencia de la realidad y de la vida. Esta es su importancia.

Hoy, a nadie se le escapa, la educación artística se encuentra en una situación inconfortable en el actual marco escolar. Ya que la escuela se ha venido basando, esencialmente, sobre la expresión verbal o matemática, generando con ello en nuestra sociedad una peligrosa propensión al verbalismo. Olvidando, con demasiada frecuencia los sentidos, así como que, para progresar, los individuos deben tomar conciencia de sus capacidades para apropiárselas y utilizarlas adecuadamente de manera que les permitan tener claros conceptos o "representaciones", no sólo referidas directamente a la instrucción, sino también a la eficacia de los procesos de transmisión y recepción de las ideas.

 

 Toda educación, se quiera o no, está  hecha de actividad, pues antes que la instrucción está en las experiencias, ordinarias y extraordinarias, de la propia vida. Por eso, ciertamente, "el arte" constituye un destacado sistema de organización de las experiencias, que se produce activamente mediante la materialización significativa de aspectos del mundo o de su conocimiento.

Es verdad que ahora la escuela entiende, en términos generales, que debe romper con estructuras, modos y maneras ya definitivamente periclitados. Que ha de asignar menos valor a la simple instrucción y más a la correcta conformación de la persona. Pero es verdad también que influenciada, voluntariamente o no, por lo "directamente eficaz y rentable", se muestra todavía poco sensible a valorar y aceptar el papel que la educación artística juega en el proceso de maduración formativa de la persona.

Sabemos que, toda progresión cultural, ha dependido en gran medida, de la capacidad del hombre para materializar o “figurar” gráficamente sus pensamientos, ideas y sentimientos, puesto que sin ella le sería casi imposible aprehender y manipular el universo. Que la asunción y el dominio, más o menos absoluto, de gran parte de los conceptos, recursos y destrezas que la educación artística propicia, están en la base del progreso y el desarrollo cultural, lo evidencia, sin duda, la universalidad del hecho artístico.

Creemos firmemente que la educación por medio de arte es un derecho de todos y una incuestionable necesidad de futuro. De aquí la urgente necesidad de atender a la formación del sentido estético, la afirmación de la sensibilidad y el desarrollo de la capacidad creadora, así como a propiciar el espíritu crítico de cada cual. Para ello el discurso didáctico de la educación artística, debe articularse desde la asunción de todos sus elementos: la naturaleza y los valores del arte, el análisis de sus componentes y el desarrollo de los conceptos y habilidades de su producción. Curiosamente sin embargo, en la era de los "medios", en la época de la socialización de la comunicación audiovisual y telemática, el disfrute de los bienes culturales, las artes y los otros medios de expresión siguen siendo los parientes pobres de la educación.

Las artes suponen una correcta formación espacial y temporal, pues han sido y son el reflejo de las necesidades, las aspiraciones, los conocimientos y los interrogantes del hombre y de su sociedad. Pero sólo conociendo y asumiendo el lenguaje, con el que se conciben y producen las artes, se puede apreciar el patrimonio, se pueden comprender los resortes profundos de las civilizaciones que lo generan, y se puede entender el discurrir de los creadores de ayer y de hoy, que lo hacen posible.

Es preciso, pues, para avanzar, que se afirme y se desarrolle el lugar de la dimensión artística de nuestro quehacer cotidiano, atendiendo al uso y a la función didáctica del patrimonio y de los bienes culturales, como medio de asunción del presente y de compromiso con el futuro. Es necesario, de igual modo, en una sociedad plural e interdependiente, como la nuestra, propiciar desde el arte y las prácticas artísticas un acercamiento intercultural, no sólo en el seno de la unificación sino en una perspectiva de reconocimiento de las diferencias en la complementariedad de los pueblos y las culturas.

El mundo no es sólo campo de nuestro conocer, lo es también de nuestro existir y de nuestro ser. Y aquello que constituye para nosotros el mundo físico no es una realidad o un sistema que está‚ perfectamente definido y concluso, por el contrario parece estar siempre en permanente relación con la actividad humana operativa, actual o posible. La correcta integración del hombre en su universo ha de venir de la mano de una educación no restrictiva, creativa, pluralista y tolerante, que se ocupe tanto del saber como del saber “ser”.

Por eso urge revalorizar la educación artística en una óptica de aproximación e interacción con el entorno, creando una conciencia exigente y activa respecto al marco y la calidad de la vida.


 

Es cierto que el aspecto tecnológico de nuestra sociedad pos-industrial ha transformado la enseñanza, pero no así las concepciones filosóficas que sustentan nuestros programas. Hay muy poca reflexión acerca de los saberes fundamentales que permiten al hombre conquistar su libertad de conciencia y de esperar una plenitud de responsabilidad social privilegiando sus particulares modos de pensar y de expresión.

El desarrollo y promoción de la educación artística comprende no sólo la elaboración de programas específicos, sino también el fomento de actividades que estimulen la conciencia sobre la importancia social del arte y la creación. La educación artística ha de constituir una dimensión fundamental del proceso de desarrollo de los individuos, contribuyendo a fortalecer la independencia, la excelencia y la identidad de cada cual.

Afirmamos que la educación por medio del arte supone el descubrimiento y la afirmación del yo individual, del yo social y del yo universal. Es un destacado instrumento con el que trascender la vida unidimensional, que a menudo se propone a los jóvenes (una vida cuantificable, utilitaria y técnica que no conoce universo humano), motivo éste que por sí solo justifica que la educación artística deba ser reconocida y valorada plenamente.

Así, resulta a todas luces evidente, que en el marco de cualquier educación de futuro, las artes supondrán una parte potencialmente vital e irrenunciable. Pero esto, aún siendo categóricamente verdad, no es algo que se pueda lograr por vía impositiva, es preciso que los trabajadores de la educación artística, sean los primeros en asumir sus valores, propagar sus beneficios, convencer de su excelencia... Entonces y sólo entonces, el arte y su educación tendrán una oportunidad.

No obstante, hay que demandar y demandamos que el mundo político asuma por fin su responsabilidad en el campo del arte, la educación y la cultura. Si queremos salir de lo que esos mismos gestores llaman "crisis de valores" y que va camino, cada vez más, de convertirse en "crisis funcional de la sociedad", es preciso remontar la estrecha civilización de lo "material” y de la técnica, para dar opción a una renovadora cultura del “espíritu" y el Arte.

Es pues URGENTE ante la magnitud del reto que comenzamos a entrever, un esfuerzo de coherencia, la movilización de todos los recursos y de todos los activistas disponibles, y un nuevo y decidido espíritu renovador para la educación artística. En este empeño todos debemos unir nuestros esfuerzos, para hacer que las circunstancias nos sean tan favorables como seamos capaces de desear. Ese es nuestro ferviente deseo.

Por gildo gonzalez
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